No es nuestra imaginación, es realismo capitalista financiarizado


 

No es nuestra imaginación, es realismo capitalista[1] financiarizado

 

Por María Victoria Rodríguez Chacón

 

¿Puede definirse a un estafador confeso como un monstruo? ¿Será que esas conductas son un síndrome, enfermedad o trastorno? ¿Puede decirse que la ética es inmutable? ¿Será posible pensar que los espacios de formación académica recrean escenarios mercantiles? ¿Pensamos nuestra época desde el lente ético político?

Estas preguntas fueron el punto de partida de mi tesis de maestría en el 2019, han pasado poco más de 7 años y mi cabeza sigue pensando sobre las complejidades de la ética en un contexto económico capitalista financiarizado, que privilegia los intereses rentísticos de acumulación sobre el bienestar colectivo y la esencia de lo político.

Pero ¿qué implica esto y cómo se consolida?

Lapavitsas (2011) describió una acción moralizadora de las finanzas y las relaciones sociales, identificando elementos que marcaban la consolidación de un discurso público que parecía incuestionable, el auge mismo de los mercados financieros carece de cuestionamiento, bajo una fórmula exitológica que funciona en el mundo económico de hoy. Desde aquí, las prácticas, instrumentos o dispositivos, e incluso comportamientos que garanticen un crecimiento de los mercados financieros son más relevantes que otras dinámicas en los contextos económicos, sociales y universitarios como fórmula mágica para el éxito en el mundo contemporáneo.

Las finanzas se han difundido como discurso predilecto en los escenarios institucionales, no solo en las prácticas económicas, sino en las funciones y estrategias del Estado para hacer presencia en el escenario público (García y Martín, 2013), también han permeado con sutileza y fuerza las regulaciones que orientan las prácticas educativas formales, desde la escuela primaria hasta la formación Universitaria (Bedoya García, 2024). Pareciera esto imperceptible, como si fuera dado naturalmente (Fisher, 2016), adecuado a la benevolencia contextual de pertenecer a un mundo financiero aséptico; pero detrás de ello, existe una monstruosa estructura global, con fines de lucro e intereses de crecimiento individual indiscriminado y a cualquier costo.

Nos han dicho también, desde los escenarios educativos, que las crisis financieras, los casos de corrupción y los casos bien documentados de robos y estafas son simples anomalías de comportamiento de ciertas “manzanas podridas” que tuvieron la formación universitaria equivocada, sin valores, sin moral y sin ética.

Pero la ética es una construcción colectiva. Los nazis tenían una ética nacionalista afianzada bajo un aparato de racionalización económica y de supremacía de raza, utilizaban las ideas de Schopenhauer o Nietzsche, hacían uso de estudios científicos para justificar el exterminio. Los Estadounidenses han consolidado su dominación económica y cultural desde una ética de valores patrióticos que tienen sustento en sus mercados financieros endebles; el cine y la televisión fueron un ancla para el ideal utópico nacionalista de primera potencia mundial, nos vendieron un American Dream acompañado de militarización de las relaciones internacionales, posicionamiento de marcas globales (solo es analizar la expansión de los Reality Show, las revistas de Jet Set, las galas de Celebrity’s). Hoy los israelíes tienen una ética religiosa que orienta sus formas de exclusión y exterminio, acompañados de un gran aparato mundial de marketing que hace, por ejemplo, que influencers reconocidos aparezcan como promotores turísticos para la búsqueda del tesoro religioso en medio de un genocidio. Todo régimen totalitario requiere de aparatos culturales que propicien su aparición y expansión.

Los escenarios de formación también construyen sus estatutos éticos a partir de las relaciones con el mundo de las profesiones y, en algunos casos, de las estructuras organizacionales que financian directamente su función. Es decir, no siempre son “manzanas podridas”, “monstruos”, “enfermos”, casi siempre son personas perfectamente normales, con vidas familiares tradicionales, ancladas a un habitus que se comparte en sociedad, que son expertos cumplidores de órdenes, orientados a resultados y que siguen, sin cuestionar, aspectos normativos –éticos– que orientan sus acciones y las justifican.

Por ejemplo, pensemos en específico en los escenarios de formación académica, nuestros profesores, incluso los que enseñan ética, siguen unos lineamientos que no se cuestionan ni se debaten porque ya un organismo superior (y hasta internacional) dice que eso funciona. En el aula se reproducen normas de comportamiento que deben seguirse para ser “buen” profesional, los estudiantes aprenden a seguir lineamientos, a seguir órdenes, sin cuestionarlas, sin entrar en paradojas morales, sin entender desde qué contexto se aprueban y el trasfondo social que lo rodea. Muchas veces, estos profesores encuentran en estratégicas didácticas inocuas (como obras de teatro absurdas o exámenes memorísticos) la innovación de un aprendizaje que solo reproduce intereses económicos bajo una premisa de universalidad. Y así, la formación universitaria es banalizada desde esta perspectiva de intereses económicos financiarizados.

Son, en muchas ocasiones, seres superfluos (Arendt, 2004) que han incorporado hasta el fondo de su vida individual y colectiva la lógica financiarizada de rentabilidad, optimización, éxito financiero, crecimiento económico sin importar las consecuencias.

Y no son pocos, porque la maquinaria financiarizada está activa a nivel mundial. La arquitectura financiera internacional (Levy, 2010) ha orientado programas mundiales de educación basada en los principios capitalistas de mercados financieros. Esto no es una simple fantasía, la escuela de la regulación francesa ha estudiado las formas institucionales que consolidan los regímenes de acumulación (Misas, 2019). Desde ahí, se entiende que esto se acopla, cual orden divina, desde los escenarios de orientación regulativa internacional y se adapta en contextos pequeños, como un dispositivo de control a distancia (Neu, 2003), de educación formal, de espacios que reproducen culturas colectivas a partir de discursos, acciones, planes e instrumentos.

Esto sería una fantasía distópica si lo vemos superficialmente, porque así funciona el capitalismo financiarizado, jugando con las ingenuidades y con la falta de criticidad de aquellos seres superfluos, porque así han establecido los programas mundiales de formación escolar de primera infancia, secundaria y profesional (Joshi y Smith, 2012).

Nos aventuramos a un mundo con una ética orientada por los mercados financieros, donde el valor de la formación universitaria solo se da por la rentabilidad económica que esté dispuesta a dar, donde los salarios sean meras comisiones de plataformas (como Uber o Rappi) o stock options de empresas de papel, la moneda de intercambio sean criptos sin respaldo y sin confianza, donde el escenario de competencia esté dominado por oligopolios regionales cada vez más cerrados, un futuro donde el Estado se reduzca a intervenciones de domingos en la tarde de un presidente hecho desde la artificialidad y sin inteligencia. Estamos a la espera de ver una cara más hostil del capitalismo.




[1]Expresión tomada del título del libro Realismo Capitalista de Mark Fisher (2016)

 


Referencias

Arendt, H. (2004). Los orígenes del totalitarismo. Taurus.

Bedoya García, M. (2024). The Ideal of Profitable: Information Systems, Debt, and the Shaping of Governable College Students in Colombia. Philosophy and Theory in Higher Education, 6(1), 129-154.

Fisher, M. (2016). Realismo capitalista.¿ No hay alternativa? Caja Negra.

García, B. M. y Martín, A. S. (2013). La financiarización de la economía mundial: hacia una caracterización. Revista de economía mundial, 33.

Joshi, D. y Smith, W. (2012). Education and inequality: Implications of the world bank’s education strategy 2020. International Perspectives on Education and Society, 16, 173-202.

Lapavitsas, C. (2011). El capitalismo financiarizado. Crisis y expropiación financiera. En C. Morera (Ed.), La crisis de la financiarización (pp. 33-90). Universidad Autónoma de México – CLACSO.

Levy, N. (2010). Innovación financiera y crecimiento económico. Ola Financiera, 3(5), 71-101.

Misas Arango, G. (2019). Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010. Universidad Nacional de Colombia.

Neu, D. (2003). Accounting for the banal: Financial techniques as softwares of colonialism. En A. Prasad (Ed.), Postcolonial Theory and Organizational Analysis: A Critical Engagement: A Critical Engagement (pp. 193-212). Springer.

Chacón, M. V. R. (2026). Financiarización y banalidad de la enseñanza de la ética: dilemas para pensar la formación universitaria en contaduría pública. Revista Visión Contable, (33), 47-80.

 


La imagen fue elegida por les editores del blog. Fuente: foto de Monstera Production en Pexels.

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